Todavía guardo las migajas de una esperanza agonizante dentro de un cajón oculto de mi armario, por si un día te vuelves a parar por aquí, detrás de la puerta incorpórea y latente, la puerta que nunca termino de cerrar del todo, por si un día.
Por si un día estacionado a la orilla de una gasolinera abandonada, a mitad de la noche, decides retornar.
Por si un día escucho tus pasos acercándose y no alejándose cada vez más.
Por si un día, dejamos de jugar al escondite.
Por si un día, me vuelves a encontrar.
Por si un día, mi mano temblorosa buscando la tuya.
Por si un día, mis dedos suaves y blanquecinos alborotando tu cabello negro.
Por si un día, miro hacia la reja que da hacia la casita del árbol, abierta.
Por si un día, tú respiración en mi nuca.
Por si un día, los rayos de sol jugando con los mechones de mi cabello castaño, mientras te escucho hablar.
Por si un día, tu aroma abriéndose paso en los orificios de mi nariz.
Por si un día, tus labios en mi cuello.
Por si un día, mi pupila fundida en la tuya de nuevo.
Por si un día, vuelvo a sentirte al estirar el brazo y me ayudas, una vez más, a sostenerme.
Por si un día, mis dedos suaves y pálidos revoloteando tu cabello negro.
Por si un día tu risa nerviosa como canción de fondo después de un beso ingenuo.
Por si un día, se conjuga el siempre y el nunca.
Por si un día deja de ser el viento el que se abre paso por la puerta vieja de madera. Por si un día, vuelves a ser tú.
Por si un día, vuelvo a ser yo.